EL FIN DE LOS DÍAS

mayas

A estas horas seguimos esperando el fin del mundo profetizado por los mayas. Sin embargo, el desenlace apocalíptico “ni está, ni se le espera”. Con esas palabras, el entonces jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, salvó nuestro mundo, una primitiva democracia, aquella madrugada de febrero del 81. Una democracia con altos, bajos y sobresaltos que, pese a sus carencias, nos ha cobijado a todos. La equidad perfecta no existe. Pero, un Estado moderno ha de perseguirla. No importa si gobierna la derecha o la izquierda. El sentido común nos dice que debemos ser solidarios con el necesitado e implacables con el deshonesto. Anoche mismo, mientras escuchaba a Paquita, me di cuenta de lo que ha cambiado el cuento. Esta señora, anciana y enferma, cobra 327 euros al mes. Destina 80 de ellos a medicamentos. Ahora, el capricho de un Gobierno legal pero ilegítimo, también le obligará a pagar por usar la ambulancia, lo cual no lo hace por gusto, sino por necesidad. Paquita dice ser consciente de que estorba a la sociedad. Y en el espejo de Paquita se mira mucha otra gente: el cabeza de familia que va a ser desahuciado y ve en el suicidio la única vía de escape; el joven que hace las maletas porque su futuro sólo es un enorme agujero negro; el estudiante que tiene que abandonar su sueño de ser médico porque a su padre le han bajado el sueldo y no puede pagar unas tasas a punta de pistola; o la madre que se ha quedado sin trabajo y mañana no sabe si sus hijos podrán comer. No, puede que no llegue el fin del mundo y que sigamos de chanza ante tales mensajes apocalípticos. Pero si esto no es el fin del mundo, se le parece bastante. Porque ayer, en la Asamblea de Madrid, a la par que se aprobaban los Presupuestos para 2013, se certificaba un plan de privatización sanitaria, abriendo la puerta a la externalización de la gestión de seis hospitales públicos, que se pondrá en marcha el próximo 1 de enero. Esta vez el PSOE votó en contra, pero en 1997, cuando el PP gobernaba en minoría, su voto en el Congreso ayudó a aprobar la ley 15/1997, una resolución básica para las nuevas formas de gestión en el Sistema Nacional de Salud que ayer el ala más conservadora del PP, instalada en Madrid, hacía efectiva entre risas, aplausos y mensajes beligerantes. Esto vuelve a distanciar más a los ciudadanos de la política, cansados del chiringuito que se han montado los partidos españoles, en los que la ideología y la representatividad quedan en un segundo plano cuando se trata de atender intereses particulares.

Aunque no se acaba el mundo, se acercan tinieblas. Dijeron que no lo harían, pero el PP ha subido los impuestos, incluido el IVA; ha recortado ingentes cantidades en Sanidad, Educación y pensiones; ha destruido las ayudas a los jóvenes que se emancipan o a los dependientes; subido el IRPF; abaratado el despido; aumentado el precio de la luz; declarado una ineficaz amnistía fiscal beneficiando a los fuertes en detrimento de los débiles o impuesto una ley de tasas judiciales que acaba con nuestro Estado de derecho. Alguien debería decirle a Paquita que quién estorba es el Gobierno y el PP. Que ella se ha ganado a pulso una vejez digna y tranquila. Pero la derecha reaccionaria está dilapidando a personas mientras rescata bancos. Fruto de ello crea una desolación sin parangón en los ciudadanos. Rajoy viene a ser en este particular fin del mundo un demonio que deja caer a las familias al abismo mientras atiende a los intereses de la banca, la burguesía y las clases privilegiadas. El PSOE de los últimos años de Zapatero, en una deriva liberal, no se atrevió a tanto. De todas formas, si quieren volver a ser espejo de la sociedad, los socialistas necesitan, no un cambio, sino toda una revolución. El poder político se ha puesto de rodillas ante los mercados, y ya no son nuestros representantes los que mandan, sino el poder financiero, al que nadie ve ni pone cara. Son los mismos que han creado esta crisis para aprovechar las miserias de otros. Ellos nadan a contracorriente y son en estas turbulentas aguas cuando más negocio hacen. Es la gran mentira que nos cuentan. Por eso, ¿por qué llamarlo crisis cuando en realidad se trata de una “reorganización social”? Responder a eso es el principal objetivo de un ensayo que publicaré el próximo año y que tiene por título el mismo que este artículo.

Puede que los mayas se confundieran en profetizar el fin del mundo, pero este 21 de diciembre debería marcar, al menos, un importante cambio de ciclo. Sustituir lo que tenemos por un mundo más justo, más sostenible y más solidario. En definitiva, más humano. Si no lo hacemos, entonces sí, no podemos esperar otra cosa que el apocalipsis.

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2 Respuestas a “EL FIN DE LOS DÍAS

  1. Y toda esta locura empezó en las aulas de la facultad de económicas de la universidad de Chicago en los años 50, cuando un grupo de auténticos chiflados comandados por el premio nobel de economía M.Friedman empezaron a delirar sobre un liberalismo sin ataduras que generaría una descomunal riqueza en pocas manos pero que provocaría un genocidio social y económico sin parangon. Incluso para el capitalismo new deal americano de los 50 aquellos chicago-boys eran una panza de tarados. Hoy, en 2012, esos tarados nos gobiernan de arriba abajo.

    • Querido amigo, nos gobiernan los más depravados seguidores del capitalismo. No vemos sus caras, pero sufrimos sus actos. Es vital concienciar a la gente… Un abrazo y gracias

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