DE COMEDIAS Y TRAGEDIAS

     La vida es una cosa seria, a menudo trágica, algunas veces cómica. Los griegos de la época clásica se dieron cuenta de ello y cultivaron el sentido trágico de la vida. Algo más prácticos fueron los romanos, que no hacían de la vida una tragedia, pero la consideraban como algo serio. En ambos casos exportaron la cotidianidad a los escenarios. Sus representaciones teatrales distinguían perfectamente lo “trágico”, de lo “cómico”. Los cánones no cambiaron mucho en los siglos posteriores. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante un tiempo extraño en el que lo trágico y lo cómico van de la mano y lo teatral ya no lo es tanto comparado con la realidad.

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Los italianos sonríen estos días, pero en el fondo están realmente preocupados por la salud de su democracia. En apenas 25 meses habrán tenido tres jefes de Gobierno. No es la celeridad en el cargo los que les alarma, están acostumbrados. Lo que les hace sonreír, quizás porque ya no les queda otra, es que de los tres, ninguno ha contado con la legitimidad de las urnas. Democracia. Ja.

Acostumbrados a tanto dinosaurio político, Renzi, el flamante secretario general del PD desde el pasado diciembre, es un bebé. Pero se le ve con demasiadas ansias por hacerse mayor. Hasta el punto de que para ello ha rescatado a Berlusconi, al que ya los italianos creían enterrado. Lo hizo con la reunión de hace unas semanas, pero también por esos tics que tanto les asemejan.

A Renzi no le importa la alcaldía de Florencia, para lo q fue votado. Él es un desclasado que sólo entiende de ambición, como tantos otros. En 1999 se afilió al Partido Popular Italiano y ahora dice representar a la izquierda.  Preso de su ambición desatada, se ha cargado de un plumazo a su “compañero” Letta (socialdemócrata). Hace meses que viene diciendo que nunca lo haría. Pero no es su única traición: para formar gobierno, tal y como le ha encargado Napolitano, dejará “tirados” a los florentinos.

Históricamente, el cine italiano es famoso por su excelente comedia, pero en los últimos años se fue fraguando un “divorcio” entre el estamento político y los ciudadanos, cuyo día a día se ha convertido en una verdadera tragedia.

Pero para tragedia la de este jueves sangriento en Ucrania. La reacción del Estado ha sido desproporcionada desde que comenzaron las protestas. Paulatinamente la oposición se ha ido armando hasta estar, ahora, en el filo de un enorme precipicio: el de la guerra civil.

Pase lo que pase, en Ucrania perderán los de siempre. Lo mismo ocurre en Venezuela, un lugar que siembra socialismo, que se ha escorado demasiado al populismo, un sistema con errores que, cada cierto tiempo recibe mordeduras de los que quieren ganar por la fuerza lo que no pueden conquistar en las urnas. Al final es una historia de vencedores y vencidos. En el suceso de hace unos días en Ceuta, ya sabemos quiénes perdieron. Lo sabían ellos ya al montar en las embarcaciones. Lo que no sabían es que, cuando llegará su derrota, la misma tarde en que se celebraba el Día Mundial de la Justicia Social, el PSOE ni tan siquiera iba a pedir la reprobación del ministro de Interior. Hoy las pelotas de gomas nos han dado a todos.

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