JORNADA DE INFLEXIÓN

Nacimos el mismo año, con unos meses de distancia, y hemos compartido toda una vida juntos desde que, a los tres años, la política educativa de ya un Gobierno socialista nos unió en el mismo aula. Entonces dicha competencia, como tantas otras, aún no dependía de la administración regional. Pero eso ha cambiado, como han cambiado tantas cosas. Frente al espejo no parecemos los mismos, como Andalucía, en el fondo, no parece la misma. Aunque lo sea. Hemos crecido a la par, sólo que no hemos crecido de la misma forma. Ahora Miguel está casado con la hija de una familia emigrante que retornó a su tierra cuando ésta vivía inmersa en el milagro económico y los andaluces nos disponíamos a emprender el camino de la segunda modernización que, al final, nunca llegó, como tampoco llegó la primera. Pelillos a la mar. O al Supremo. Andalucía sigue teniendo ocho hijas, unas más ricas y otras más pobres (todas pobres comparadas con cualquier lugar de Europa). Mi amigo, sin embargo, sólo tiene una hija. Crece a miles de kilómetros de Andalucía porque las habichuelas hay que ganárselas donde sea. Lo tenía muy claro mi compadre en aquellas confesiones de umbral en los atardeceres de nuestra infancia. Tardes de sueños compartidos y esperanzas con caminos de ida y vuelta. A ambos nos unen muchas cosas, pero sobre todas ellas, nos une el amor por nuestras raíces, la tierra del mestizaje, las tradiciones, la luz y la hospitalidad. Una tierra que a veces duele y otras te hace soñar. arriate independencia Esta semana hemos hablado por teléfono sobre lo mucho (o lo poco) que han cambiado nuestras vidas y lo mucho (o lo poco) que ha cambiado esta pobre tierra rica que es Andalucía. De los tópicos, de los sueños, del futuro. De cambios y más cambios. Y quizás por la evidencia, hemos dejado de lado el “nuevo tiempo”, pero ahora de verdad, que se abre en Andalucía. Todas las encuestas pronostican la entrada en su Parlamento de nuevas formaciones, como Podemos o Ciudadanos, y la caída de partidos tradicionales, estrepitosa en el caso del PP, que ganó las anteriores elecciones autonómicas. Se le ha pasado, quizá, el enfado al electorado andaluz, que vuelve a dar la espalda al señoritismo, pero sigue apostando por el cortijo socialista. La oposición denuncia un granero de votos en su “administración paralela”, en la que trabajan 19.200 personas según estimaciones de la Cámara de Cuentas de Andalucía. Esta administración paralela sumaría 818 millones de euros en deudas y alcanzaría un adeudo de 27.654 millones hasta septiembre de 2014. andalucia encuesta Los datos del estudio de la Cámara de Cuentas prosiguen y avisan de la subida de los libramientos de pago pendientes de justificar en Educación y del endeudamiento del Servicio Andaluz de Salud en 1.370 millones de euros. Por cierto, que Andalucía es la comunidad que menos gasto hizo por habitante en 2014 en materia sanitaria, tendencia que continúa en 2015. A pesar de que la Junta de Andalucía prometía el pasado septiembre que no habría más recortes de personal en sanidad, lo cierto es que una gran parte de los profesionales del sector (eventuales) siguen concatenando contratos al 75% del horario laboral estipulado o soportan una reducción salarial del 25% con el horario ampliado a 37,5 horas (originariamente eran de 35) en centros apartados de su lugar de procedencia, como ya denunciaba en octubre de 2013 la enfermera Ruth Molina, que asegura que la situación apenas ha mejorado. También lo hacen los sindicatos, que aunque certifican que el Ejecutivo andaluz no ha privatizado ni planeado copagos, ha aplicado duras políticas laborales a los sanitarios. cola gasto hab Sobre el servicio de urgencias, el plazo en las listas de espera (que se incrementa) y las externalizaciones en Andalucía, donde sólo uno de cada tres hospitales es público, hablaremos otro día, cuando toque monográfico de la sanidad. Aunque los datos hablan por sí sólos: la mitad de los hospitales andaluces son privados. Los 88 centros se distribuyen en la siguiente proporción: 29 hospitales son de titularidad y gestión públicas y 17 privados están concertados con la administración. A ellos hay que unir 42 hospitales totalmente privados. Claro que peor era cuando existía en España un sistema exclusivo para pobres que se llamaba beneficencia y era de baja calidad.

No se apuren, tenemos el mejor clima de Europa aunque, eso sí, los peores datos del continente en cuanto a empleo. Cuatro de cada diez personas en edad de trabajar no encuentran trabajo en Andalucía, seis de cada diez si hablamos de jóvenes. A pesar de ello, la región ha creado uno de cada cuatro trabajos en España el último año, algo más de 110.000. No es para tirar cohetes teniendo en la cuneta (laboral) a un millón de paisanos. Los planes de empleo aprobados por la Junta son pan para hoy y hambre para mañana (pero algo es algo), ya que sólo han logrado crear 16.000 nuevo puestos. Pero de aquí a que Ciudadanos quiera enseñarnos a pescar… Parece que los que realmente pescarán son ellos. Todo hace indicar que el partido naranja pactará con Susana Díaz, aunque su candidato, Juan Marín, lo rechace. También lo rechazaba en su localidad, Sanlucar de Barrameda (Cádiz), y hoy es Teniente de Alcalde allí, mano a mano con el PSOE, que gobernará de nuevo Andalucía, como desde el origen de los tiempos (democráticos). La cosa va sobre ruedas. expomotor Este sábado, la (desfasada) Ley Electoral española impide a los partidos y a los candidatos hacer campaña, algo que no ocurre en ningún otro país de Europa. Jornada de reflexión lo llaman, como sí la mayoría de los andaluces ya no supieran, a estas alturas a quien van a votar. Con la que está cayendo, ésta debería ser la jornada de inflexión. El punto de partida de un cambio para nuestra tierra. Pero Andalucía sigue siendo el PSOE. Sigue siendo, mejor dicho, ella, Susana Díaz, que ha protagonizado una campaña electoral personalista, como lo ha sido su gestión. O desde antes, cuando su partido no celebró primarias porque ella aglutinó todos los avales, y que cada uno haga su lectura del hecho. IMG_20150319_135929 No digo que en estas más de tres décadas no hayamos cambiado, ahí están los parámetros para demostrarlo. Pero hay cosas en las que nunca se cambia. No me refiero única y exclusivamente al color político de las instituciones. Me refiero, también, a la situación financiera (Andalucía sigue perdiendo depósitos); a la reinversión de los impuestos; a la despoblación de nuestras zonas rurales, carentes de un plan (Andalucía no es nada sin sus pueblos); a una economía basada en el tercer sector, y por tanto dependiente; a la exigua inversión en ciencia e innovación, en talento (a pesar del plan de retorno aprobado por la Junta) o su mal estructural, el paro, diez puntos por encima de la media nacional, un pico más respecto a Europa. Hablando con mi amigo Miguel, de familia humilde como yo, coincidimos en las oportunidades que el contexto de Andalucía, y de España por extensión, nos ha brindado. Hemos mejorado, no cabe duda, el nivel de vida de nuestros padres. Estamos mejor formados académicamente que ellos, entre otras cosas banales, pero con menos trabajo y futuro, desde luego. La historia de esta tierra es la historia de opresores y oprimidos; de terratenientes y jornaleros. Una historia llena de injusticias y desigualdades. Aunque hoy se han solventado muchas de ellas, tras más de tres décadas de gobiernos socialistas, aún quedan muchos pasos que dar. Y no son quimeras. Siguen existiendo los de arriba y los de abajo y, si usted es de pueblo, sabrá lo que le digo porque las diferencias ahí son aún más evidentes. marchas dignidad No es una situación nueva, Andalucía está acostumbrada a perder trenes en los últimos siglos: desde los planes económicos de centralización del siglo XIX, con los que se desmanteló la incipiente industria andaluza en beneficio del norte peninsular, a la Reforma Agraria que nunca llegó. Para colmo de males, hoy en día la Junta mantiene 20.000 hectáreas sin usar y, de los 1.600 millones de euros que Andalucía recibe de la PAC, 1.280 van a parar a las administraciones o a los terratenientes, los cuales, no dejan de incrementar su patrimonio. Si en 1930 poseían el 43% de las explotaciones, ahora esa cifra alcanza el 56%. Por si no fuese suficiente, en los últimos años hemos sido testigos de cómo desmantelaban los astilleros gaditanos y de la deslocalización de no pocas empresas. Hay quién me dirá que están los parques tecnológicos, cierto, pero en ellos operan multinacionales y esos beneficios terminan yéndose de nuestra tierra. Es verdad que aumenta la fuerza de la industria agroalimentaria, pero aún tiene una asignatura pendiente en la fase de distribución, tan importante. campo andaluz Metidos en harina, la campaña electoral de Andalucía nos ha advertido que nuestros políticos están sembrados. Sus soluciones siguen la senda del tú más y en lugar de convencernos con argumentos de peso, no explicaron ninguna medida para terminar con la lacra del desempleo y pasaron de puntillas sobre la corrupción (Chaves y Griñán desaparecidos). Por eso los pequeños han ido ganando, palmo a palmo, como la tierra fecundada por el abuelo de Miguel y el mío, un trozo de pastel a los partidos clásicos, como se puede comprobar en el cierre de campaña de ayer. Sería interesante que los andaluces nos tomáramos este día para la reflexión real, que estudiáramos los programas de las distintas formaciones que se presentan a los comicios y que pensáramos qué es lo mejor para nuestra tierra antes de depositar el voto. Si continuismo o cambio. Si cambio o continuismo (altero el orden para que nadie se enfade). Si Andalucía está al nivel de Europa o, si por el contrario, hay que cambiar cosas para mejorar. O empeorar. Pero que nunca más nos asusten diciendo que vienen los malos, los que se comen niños o los que nunca se fueron cuando los que llegan (socialistas, o eso dicen) son los hijos o los allegados de los que siempre estuvieron. O están. Pero eso es material para otro post. Sea por Andalucía libre, España y la humanidad.

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