LA ODISEA DE PEDRO

Pedro Sánchez ya tiene un relato épico. Como Ulises, el legendario rey de Ítaca, vuelve a casa después de una guerra que no es la suya. Ya se sabe el largo viaje desde el no es no a la abstención, que es un sí encubierto. Destacado ejercicio de contorsionismo debería dar para uno o varios manuales sobre cómo acabar con un partido centenario y no morir en el intento. A Sánchez, lo que ‘verdaderamente’ le anima a realizar la travesía es el rapto del PSOE. De la contienda sale herido: le han despojado de la secretaría general como al rey que le arrancan su corona. Para colmo, tiene que tolerar en palacio a quienes buscan desposarse con su reina. La flecha de la militancia apunta, directa, al tendón de Susana Díaz.

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Sánchez es consciente de que el canto de las sirenas hechiza a quienes lo escuchan: les obliga a acercarse y terminan siendo devorados por estas bellas pero peligrosas criaturas. Esta mañana, el otrora diputado socialista ha entregado su acta, que es como taparse los oídos con cera para no sucumbir al canto embriagador de la abstención. A partir del lunes, avisa, se atará al mástil de su coche para sumar remeros a su causa, que no es otra que terminar con unos compañeros de filas que se han abandonado a la música neoliberal. Han secuestrado al partido y han terminado fagocitados por la derecha. “No nos gusta usted (Rajoy) ni su Gobierno, lo hacemos por este país”, ha espetado el portavoz Antonio Hernando en su discurso de investidura. Para entonces España ya estaba salvada por mandato imperativo. Solo 15 parlamentarios socialistas, quizás aquellos que tienen un trabajo al que aferrarse, decidieron no introducir sus miserias en el enorme caballo de madera que le tenían preparado para, en este caso bloquear las puertas de esa ciudad fortificada que es el régimen del 78.

No es no, parafraseaban sus señorías de ERC en el Congreso mientras Rajoy recibía votos como olas una tarde de marejada. Sus naves nunca estuvieron en cuarentena, la tormenta sigue en Ferraz. Tuvieron cerca un gobierno alternativo, pero ya lo advirtió Rufián: “El PSOE lleva 40 años dando una de cal y otra de arena”. Acusa a los socialistas de quemar la embarcación y, mucho más grave, su historia. Madina la vio pasar por delante cuando el charnego recuperó a la mujer que limpia escaleras. La mirada que le dedicó el vasco no era, precisamente, un poema de Montale. Homero compuso hace 2.800 años uno para relatar la vuelta a casa de Ulises después de diez años combatiendo en la Guerra de Troya y otros diez de viaje para regresar a Ítaca. Menos, dos, ha durado un hechizo al que embadurnaron con una intensa campaña de marketing.  Y ahora, más estrategia. Esta vez Sánchez dejó de ser el guapo para interpretar al mártir, un papel que en el socialismo español siempre ha sido preludio de éxito. Le pasó al Felipe que abandonó el marxismo en Suresnes en el 74. O a Borrell, al que la militancia apoyó en 1998 en unas primarias en las que derrotó al candidato del aparato, secretario general por dedo divino. Almunia, ese hombre que (este sí, Susana) valió para un roto y para un descosido en Europa. Con la derecha y con los socialistas.

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El relato de Pedro comenzó una calurosa tarde de julio de 2014, la primera vez que la militancia decidió el liderazgo del partido. Bastaron apenas un centenar de dirigentes para derribarle el pasado 1 de octubre. Era un servicio a la patria y a la corona, sí, aquella misma a la que Sánchez salvó los muebles cuando aún era un simple ‘pretendiente’. Atrincherado en el no es no, debió tener en cuenta a Gila: “Cuerpo a tierra que vienen los nuestros”. No lo hizo y colocó a Hernando (Antonio, lo de Rafael ya hubiese sido demasiado) a guardar del ganado. El jefe de la manada mutó de piel y un día cogió el AVE hasta Sevilla para abrazar a Susana, su Penélope particular. ¿Y ahora qué? Carretera y manta, porque esto no ha hecho más que empezar. Ya tenemos un candidato, Pedro, al que su regreso a casa, Gestora mediante, se le puede hacer largo. “El lunes tiene que convocar un Congreso”. Es el cometido de la Gestora, dice. Hasta ahora, Sánchez ha sido capaz de escapar a los obstáculos designados por los dioses (despejen la X). Si atendemos a la Odisea, a su vuelta, se vengará de los pretendientes y recuperará su reino. De momento, lo único que está claro es que a las tres serán las dos (excepto en las islas) y que el PSOE ya es el PP.

 

Foto1: Pedro Sánchez en el registro del Congreso entrega su acta de diputado. / Julián Rojas

Foto2: Gabriel Rufián, este sábado en la tribuna del Congreso./ Chema Moya 

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