LOS DÍAS GRISES

“Estos días azules y este sol de la infancia”, rezaba el último verso que escribió el poeta Antonio Machado. Lo encontraron en un bolsillo del abrigo gastado con el que había cruzado los Pirineos unos días antes de morir en el exilio francés. No conozco mayor patria ni mejor refugio que la infancia. Quizás por eso volvemos recurrentemente a ella para cobijarnos. Algo indestructible se forja en nuestros primeros años de vida; con las personas que han compartido nuestros primeros pasos. Todos los caminos ya siempre están impregnados de ellas. En estos días grises he tornado la vista atrás y he recuperado muchos de esos retazos. Necesito tiempo para ordenarlos, pero en todos ellos está mi tía y su inmensa sonrisa. Cuánto más grande la adversidad, más elocuente. Un ejemplo de vida hasta el final.

dias-nublados

Supongo que siempre es demasiado pronto para morir, que es lógico estar enfadado con el mundo cuando alguien tan joven nos deja, aunque su luz continúe siendo el faro que nos guía en la oscuridad. La que durante dos meses ha azotado con fuerza a mi familia. Una tempestad que ha durado más de cuatro años y que acabó en naufragio. El mar en ruinas.

Es la primera vez en toda mi vida que no soy capaz de plasmar lo que siento. Se me agolpan las emociones, los recuerdos. Luego está ese miedo hiriente de saber que no volverás y que va tambaleando el mundo que frecuento. Existe una terrible sensación de pesadilla constante. Un peso aflige mi pecho. Es un dolor lacerante que crece conforme van pasando las horas. Éramos ricos y no lo sabíamos. Lo teníamos todo porque estábamos juntos. Ahora apenas deseo volver al verano, el verano de nuestras vidas. Soñar ese mundo que ya nunca seremos. Pero solo encuentro invierno y una intensa lluvia que cala hasta los huesos. No voy a engañaros: hace frío, mucho frío, y nada ni nadie puede evitarlo.

Aceptémoslo: el hombre pasa por la tierra sin más mercancía que su paso. Los días caen como árboles cansados. Y es entonces cuando volvemos a la infancia para recuperar ausencias. “Llamamos recuerdos a nuestras ruinas”, dijo una vez el poeta francés Bernard Noël. ¿Recuerdas? Tus manos cubrían el cuerpo de mis nueve años. Habías venido a salvarme, como tantas veces en esa doble faceta tuya de tía y enfermera. Todo lo podías. Ha pasado el tiempo y ahora soy yo el que aprieta tu mano. Pero nadie puede salvarte. La luz se ha quebrado.

Con el tiempo, uno aprende a vivir como quien va descalzo. Se esfuerza en hacer el camino y cada paso es un regreso a todo aquello que un día fue sólido y que ahora apenas es una visita a un país roto. Se empieza a morir cuando nacemos. Y ese es nuestro destino. Solo los valientes se rebelan, sonríen hasta el final y triunfan ante este saqueo que es vivir. Así nos lo has enseñado. Ahora solo nos quedan los días sin costumbre, restos de palabras y todo este vacío de un paisaje derramado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s