EL PAÍS DE LOS PRODIGIOS

“He traído a la familia para que me critique y a los amigos para que me hagan la ola”, reveló Eduardo Mendoza el jueves, minutos antes de recibir el premio Cervantes. En una frase inocente, el escritor catalán plasmó toda una declaración política. Al menos, de la política que padecemos hoy: la que está más preocupada de lo insustancial que de los verdaderos problemas de la ciudadanía. La que confunde liderazgo con sumisión. De esa visión narcisista surgen las guerras cainitas en partidos como el PSOE, donde las primarias, más que unas elecciones, se han convertido en una lucha de egos jaleados, ola incluida, por los amigos de turno. La lectura, sin embargo, debe ser más profunda. La falta de una cultura democrática nos ha despojado de espíritu crítico. Salirse del guión marcado es una osadía porque los de arriba no entienden otra cosa más allá del conmigo o contra mí. Y de esa manera, al final, siempre hacen carrera política los mismos. La picaresca española es legendaria.

melenchon

Desgraciadamente, la política se ha convertido en un ejercicio constante de sumisión. Hemos supeditado la gestión a los gestos y la ideología a los eslóganes. Y ya se sabe lo que decía Alfonso Guerra de las fotos: “El que se mueve, no sale”. Sumisión a las estructuras verticales de los partidos, al ordena y mando. Pero también sumisión al capitalismo y a las grandes empresas que financian campañas o son titulares de esos medios de comunicación que favorecen a los candidatos de su cuerda y a los demás les vincula con ETA o Venezuela (por cierto, en España el Tribunal Supremo archivó tres causa contra Podemos por financiación irregular y ahora resulta que el que hacía negocios con el chavismo era el hermano de Ignacio González). El auge en los sondeos de las presidenciales de este domingo también han convertido al izquierdista Jean-Luc Mélenchon en sospechoso.

El único delito de Mélenchon es inspirarse en las revoluciones ciudadanas de América Latina y en las mareas españolas. Pretender reconstruir el socialismo. Mélenchon rompió su carnet del PSF al no verse reflejado en su proyecto. Tras 25 años como senador, después de haber sido ministro con Lionel Jospil, fundó su propio partido, el Parti de Gauche, y organizó una coalición con los comunistas, el Frent de Gauche, para presentarse a las presidenciales de 2012. Conquistó apenas el 11% de los votos pero hoy aspira a romper ese techo y, por qué no, pasar a la segunda ronda de las elecciones.

Mendoza afirmaba el jueves durante su discurso del premio Cervantes que había leído cuatro veces El Quijote, la obra cumbre de un escritor que murió un 23 de abril de hace 401 años. Pero ya no se lucha contra molinos. Los gigantes ahora son otros: la austeridad, la desigualdad social o la vergüenza de abandonar a su suerte a miles de refugiados en campos como Calais. Europa está durmiendo la siesta y Melénchon aspira a despertarla luchando contra esos gigantes, renegociando los tratados continentales si es preciso. Además, propone un plan de inversiones públicas de 100.000 millones para relanzar la deprimida economía francesa y poner fin a los recortes. Como Pablo Iglesias, que estuvo presente en el cierre de campaña de Melénchon, el candidato francés aboga por acabar con los privilegios, por mirar a los ojos a los de arriba. Nos habla una Francia Insumisa, que es el nombre de su nuevo partido.

mendoza foto

El candidato ha adaptado el populismo de izquierdas de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe al lenguaje político francés. Se ha fijado con énfasis en el movimiento del 15-M y ha seguido el ejemplo del ex dirigente socialdemócrata alemán Oskar Lafontaine, que abandonó el SPD en 2005 para fundar Die Linke. La nueva izquierda ha llegado para quedarse. Como Podemos en España, por eso no logro comprender a los que hablan de Un PSOE ganador: sin el partido de Pablo Iglesias será difícil que los socialistas (85 escaños y bajando) puedan volver a gobernar. Me cuesta creer que Susana y sus acólitos desconozcan esta realidad. En Francia, el pase de Melénchon a la segunda ronda de las presidenciales parece una utopía, pero en el país de las revoluciones, cualquier cosa es posible. Parafraseando la obra de Mendoza, Francia podría convertirse este domingo en el país de los prodigios.

Lo tiene difícil. Los favoritos son Marine Le Pen, la heredera del mensaje del odio y nuevo grajo blanco para los obreros franceses. La cadena de atentados y el repentino conservadurismo de una sociedad siempre abierta la convierten en segura finalista. Además, cuenta con un alto porcentaje de fidelidad en el voto. Le competirá el trono el artificial Emmanuel Macron, un político siempre de perfil con un discurso renovador. El líder de En Marche! fue ministro estrella del socialismo (le apoya su ala derecha), el partido que dio el mayor bocado de la historia de Francia a las partidas sociales del presupuesto: 55.000 millones de euros. Más lejos de pelear la presidencia están Hamon y Fillon, líderes de los partidos tradicionales. Salvo sorpresa, no pasarán la criba. Y es que algo ha cambiado: los gigantes.

Foto1: Mélenchon muestra en un mitin la portada de Le Figaro que le acusa de chavista. / Philippe Huguen (AFP)

Foto2: El escritor Eduardo Mendoza antes de recibir el Premio Cervantes 2016. / Susana Vera (Reuters)

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