UNA CUESTIÓN DE FE

Nuestra era tiene 57 años. Antes, el mundo no existía. Para los maradonianos, la Historia comienza un 30 de octubre de 1960, el día que nace Diego Armando Maradona, para muchos, el mejor futbolista de todos los tiempos. Tanto que, en 1998, tres rosarinos, admiradores del astro argentino, fundan la Iglesia maradoniana. A juzgar por cómo sorteaba rivales ingleses en los cuartos de final del Mundial de México’86, quizás lleven razón. Las religiones no tienen explicación científica, son un cúmulo de emociones irracionales. Cuestión de fe. La que no le faltó a Pedro Sánchez para superar todas las adversidades y convertirse, de nuevo, en secretario general del PSOE. Tras Lázaro y Cristo, representa la tercera resurrección de la Historia. El comienzo de una nueva era.

perico más dos

“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:18), confesó Cristo a sus discípulos hace dos mil años. Salvando las distancias, el domingo, fueron los militantes socialistas los que dieron su bendición al regreso, casi mesiánico, del líder derrocado en los idus de octubre. Sánchez ha armado un relato trágico. Ha sabido tejer un vínculo afectivo con la militancia y puede que también con la sociedad española, donde el PSOE siempre ha sido un referente moral. Una especie de religión que ahora cuenta con un nuevo (renovado) profeta. Alguien capaz de levantar el puño, cantar la Internacional y recelar de los poderes fácticos. Uno de los nuestros. Sin embargo, hasta hace unos meses era parte del establishment, aparato puro, y estaba vinculado al ala más liberal del partido. Todo aquello que ha minado la credibilidad del PSOE, que ahora, como advirtió Susana Díaz, “está malito”.

LA SOCIALDEMOCRACIA

El virus corroe a la socialdemocracia europea. En Reino Unido, los laboristas están lejos de ser alternativa de gobierno. Las últimas presidenciales en Francia han situado a los socialistas en la irrelevancia política, después de que su Curia, liderada por Valls y Hollande, excomulgara a Hamon. En Grecia y Portugal han sido superados por otra izquierda. Lejos están los días de vino y rosas del paradigma nórdico. O el pasado glorioso del SPD alemán, muy a pesar de Martin Schulz. En Italia fue el macroproceso judicial Tangentópolis quien enterró, mucho antes, las esperanzas de una ideología que, en un país creyente, llegó a la categoría de religión. El milagro de multiplicar panes y peces solo ha funcionado para algunos. El politólogo francés Marc Lazar concluye que el declive de la socialdemocracia aparece porque esta no es capaz de encontrar la fórmula de resolver sus principios y el principio de realidad. Es evidente que la desigualdad crece y que el ascensor social no funciona. La puerta de las oportunidades se cierra y los ciudadanos sienten cómo sus opiniones cada vez cuentan menos. Mientras tanto, el socialismo ha permanecido expectante y, en algunos casos, ha claudicado.

Hay una creencia equívoca pero extendida entre las élites socialistas de que los ciudadanos van a votarles por sus logros pretéritos. Como si se tratara de leer su evangelio, elevarlo a la categoría de dogma de fe, y de ahí al cielo en autopista. Cuando una organización que ha capitalizado la política se siente amenazada, su cúpula se aleja tanto de la realidad que ya no es capaz de ofrecer ningún diagnóstico riguroso. Es pura supervivencia. La izquierda suele anclarse en sus referentes. Por eso, a la señal de Felipe, los barones salieron en tromba para crucificar a Pedro Sánchez en busca de un PSOE 100% ganador. Pero no siempre hay que ganar para transformar la realidad, que es la razón de ser del socialismo. Si, además, se entrega gratis el Gobierno a Rajoy, el partido está condenado a arder en una pira funeraria.

balcón

Al socialismo le urge exculpar sus pecados. Si lo hace, solo entonces, volverá como hijo pródigo (Lucas 15:11), a ser la opción de millones de personas que se sintieron traicionadas cuando el partido sucumbió al dictado de Europa. Hubo reforma laboral y del artículo 135 de la Constitución, de manera que se priorizó el pago de la deuda antes que asuntos tan importantes como la Educación o la Sanidad. Se negó la crisis y la brecha económica entre ricos y pobres se disparó. Al PSOE le faltó coherencia y le sobró mirarse el ombligo. Los desafíos son muchos y hay que articular mecanismos para darles respuesta. Ahora, a Pedro Sánchez le toca reconstruir el PSOE y situarlo en el lugar (ideológico y político) que le corresponde. Con un relato, pero también con hechos.

SEÑAS DE IDENTIDAD

Felipe González, santo santorum del socialismo español, perdió dos elecciones antes de ser presidente. Eran otros tiempos. Difícilmente, la religión pedrista alcanzará las cotas de las que gozó en su día el felipismo. Hoy el contexto es distinto: el bipartidismo ha muerto y es necesario tender puentes con otras formaciones para alcanzar el poder. El PSOE, como se encargan de repetir algunos, es el partido que más tiempo ha gobernado España (22 años) y esa gestión supone un desgaste. Una rendija por donde se cuelan nuevas organizaciones progresistas que saben conectar mejor con los jóvenes votantes y con la calle en general. El PSOE, que durante décadas lideró asociaciones vecinales, ampas y movimientos varios, ha perdido hoy esa presencia. Hace mucho que se convirtió en un partido de cuadros, lo que no solo le aleja de la sociedad que representa, también le acarrea otro grave problema: el del corporativismo político. Las señas de identidad se van desdibujando hasta que, un día, no queda nada.

La solución (el socialismo se dejó más de 6 millones de votos desde 2011 y Sánchez no es el principal ni el único culpable) no podía ser de nuevo un simple movimiento de tablero. Era preciso un relato del que carecía un partido ciego para ver y comprender lo que ha estado ocurriendo los últimos años. A veces, un golpe de suerte, una carambola, puede propiciar que el aire vuelva a soplar de cara. Según las encuestas, Pedro Sánchez era el candidato más viable electoralmente entre los votantes menores de 35 años y los territorios plurinacionales.

maradona

Su lucha contra el aparato y su voluntad de situarse a la izquierda le han revestido con un aura que no podía exhibir alguien que no hubiese caído antes en desgracia. Igual de improbable habría sido que la Argentina de los noventa divinizara a una figura elitista. El pueblo se reconoce en Maradona, que pasó hambre en Villa Fiorito, comenzó en un potrero de arena y desafió a todo un Catenaccio (estilo de juego ultradefensivo, entonces paradigma del fútbol). Se perdonan sus desmanes, sus errores, sus peregrinajes por caminos oscuros porque Diego es lo más parecido a tocar el cielo. ¿Le sucederá también al nuevo PSOE?

 

Foto1: El secretario general electo del PSOE, flanqueado por sus rivales en las primarias. / Claudio Álvarez

Foto2: Pedro Sánchez en el balcón de la sede del PSOE tras ser reelegido secretario general. / Álvaro García

Foto3: Maradona levanta la Copa del Mundo tras vencer el Mundial celebrado en México en 1986. / Tony Marshall

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