LOS ROJOS TAMBIÉN LLORAN

Volver a la casa de los padres es uno de los mayores placeres de la vida. La oportunidad de recuperar tu pasado. Al bajar la escalera me vienen a la memoria unos versos de Montale. Hay un jarrón a mitad del recorrido. Me detengo y pienso en todos esos trastos que he roto jugando a la pelota. Las broncas. La vuelta a empezar. Al final, los padres siempre ofrecen su brazo para bajar los peldaños. A Ascensión Mendieta le privaron de ello una fría mañana de noviembre de 1939, cuando fusilaron a su padre y arrojaron el cuerpo a una fosa común del cementerio de Guadalajara. Lo ha recuperado 78 años después gracias a una juez argentina, María Servini, que ordenó buscarle en enero de 2016. Muchos otros, sin embargo, no corrieron la misma suerte y abandonaron este mundo sin saber dónde yacían los suyos. No pudieron irse en paz.

ascensión

Los restos de Timoteo Mendieta recibieron sepultura el domingo. Su hija lo veló como manda la tradición. Y lo lloró, porque los rojos también lloran. El llanto se ahoga en el silencio de los miles de muertos que continúan clamando justicia, memoria y reparación en cientos de fosas comunes o en cualquier cuneta de España. Y es que el infierno no termina cuando se cierran las puertas y las luces se apagan. La Ley de Memoria Histórica de 2007 supuso un punto de inflexión, pero no palió décadas de olvido y abandono.

“Cosas transparentes que hacen que el pasado reviva”. La frase, iluminadora, aparece ya en la primera página de Cosas transparentes, una novela de Vladimir Nabokov. El relato busca las huellas del pasado en las cosas con las que se cruza, pero al final de cuentas es nuestra vida lo que pasa, no los objetos en sí. Cada día se antoja más necesario reparar esa parte de nuestra historia que permanece enterrada. Debemos hacerlo antes de que desaparezca la generación de nuestros abuelos. El jarrón de casa de mis padres me ha transportado a mi infancia, a aquella historia de lagunas que contaban de mi abuelo. De sus años en barrena. Sin embargo, los míos no son recuerdos de una casa triste como en el caso de Manuel Azaña, uno de los grandes intelectuales del siglo XX que enterró el franquismo.

Dignificar a las víctimas

Para muchos españoles aún quedan piezas sueltas para recomponer el puzle de su vida. El Estado debería auxiliarles en esa búsqueda desesperada. No lo hace, y eso contrasta con mantener el Valle de los Caídos, construido con la sangre y el sudor de quienes perdieron la guerra. El mausoleo del dictador cuesta cada año 1,7 millones de euros a las arcas públicas. Qué triste un país que no dignifica a aquellos que se dejaron la vida en la defensa de la legalidad que representaba la II República, con sus luces y sus sombras, y sin embargo entierra con honores (Cara al sol incluido) a José Utrera Molina, ministro franquista y referente del sector inmovilista de la dictadura, el denominado búnker.

La batalla de Ascensión permitirá que otras 27 familias puedan recuperar ahora los restos de los suyos, fusilados junto a Timoteo Mendieta, presidente de UGT en su pueblo, Sacedón (Guadalajara), cuando su hija tenía apenas 13 años. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) financia sus exhumaciones con donaciones y voluntarios porque el Gobierno de Rajoy eliminó todas las partidas. Para paliar la falta de recursos, los voluntarios de la ARMH sacrifican sus días libres cada verano. Ellos sí que merecen una condecoración, no Rodolfo Martín Villa. El ministro franquista y responsable de la matanza de Vitoria fue honrado por ¿nuestra democracia? ahora que cumple 40 años. Cuando llegó la Ley de Memoria Histórica, la ARMH ya había exhumado una decena de fosas en toda España, la primera en Zaldibia (Gipuzkoa).

La Horra 04

En las estremecedoras imágenes que me envió en 2004 el forense Francisco Etxeberría, un mar de huesos anónimos se esparce por una franja de tierra maldita donde yacen los desheredados. Desde mi azotea, no puedo ver el mar, pero huelo el salitre y oteo el horizonte, sinónimo de libertad. A mi abuelo, que era de un pueblo que denigraron a embalse, le privaron siete años de ella por pensar diferente. Claro que aquellos días, parafraseando a Rodolfo Serrano, España era una cárcel. Nadie podía ver el mar, aunque lo estuviera mirando fijamente. No sabían que, como gritaron aquellos soñadores del mayo francés, bajo los adoquines también hay arena de playa. Es hora de dejar atrás ideologías y sensibilidades para abordar la reparación de las víctimas. Es una cuestión de dignidad. Nabokov culmina su novela con la pregunta: “¿Sabes, hijo? Se hace fácilmente”. Pues hagámoslo.

 

FOTO 1: Ascensión Mendieta junto a los restos de su padre el sábado en Madrid. / Juan Medina (Reuters)

FOTO 2: Una voluntaria trabaja en las exhumaciones de La Horra (Burgos), en julio de 2003. / Cedida por Paco Etxeberría

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s