EL TEATRO DE CATALUÑA

Todo aquello era un sueño. La forma en la que abrían y cerraban el telón; el uso de las luces; la facilidad con la que los personajes se cambiaban de ropa o la manera en la que interpretaban los actores. No tenía más de seis años cuando me llevaron a ver mi primera obra de teatro. El protagonista murió y yo comencé a llorar desconsoladamente. Era un niño de pueblo donde no había teatro, así que tuvieron que explicarme que, en realidad, el protagonista no había muerto y que era una ficción, una especie de cuento. Ahora nadie me tiene que explicar que el franquismo sobrevive y que, sus herederos, van a poner todas las trabas posibles para que Cataluña siga siendo un apéndice de España. Pero es que vosotros, catalanes, estáis haciendo las cosas mal, rematadamente mal, reinterpretando el mundo, la ley, la historia y hasta la realidad. Puro teatro.

1

Federico Luppi, que nos dejó ayer, no era de esos actores que se subían al escenario o grababan unas escenas sin más. Era un personaje comprometido con su tiempo. Uno de los pocos actores capaces de cruzar esa delgada línea que separa el teatro (la ficción) del mundo real. Luppi, que apoyó el kirchnerismo y se horripiló con la victoria del conservador Mauricio Macri en 2015, se olía un cambio social en Argentina y hace meses que proclamó con desesperanza que este domingo, en las legislativas, los partidarios del presidente vencerían los comicios. Luppi vivía con sencillez en una casa familiar con un pequeño jardín. Reprochaba a Macri el aumento del coste de la vida en Argentina, con una inflación disparatada, y en su última entrevista, en febrero, se quejó con angustia de que, por primera vez, no llegaba a fin de mes.

FUGA DE EMPRESAS

En las últimas dos semanas, más de 1.200 empresas han abandonado Cataluña. Todo el mundo, en todas partes, habla de ello, pero nadie cuenta las consecuencias que esta diáspora va a ocasionar en las familias. Les vendieron la independencia como la solución de todos sus problemas y se tragaron el cuento. Los ciudadanos tienen derecho a decidir cuál debe ser su futuro y de qué forma desean organizarse. Deben hacerlo con libertad y sin que ningún tipo de falacia lo enturbie. Durante el procés, a muchos catalanes se les ha emborrachado de sentimentalismo, un instinto primario que siempre ha funcionado a los nacionalismos. También al español, de manera que el tema se ha convertido en una lucha de egos en el que cada parte narra el cuento como le conviene. Son dos barcos a la deriva y, detrás, miles de olas interpretando un papel. Suceda lo que suceda, las olas se romperán en la orilla y nunca más habrá rastro de ellas. Ese día nos daremos cuenta de que las banderas no dan de comer.

Siempre me ha gustado escuchar a personas que relatan hechos sin estridencias. Que no guionizan una verdad paralela a la realidad. El teatro es para los escenarios. Cataluña maquilla la historia celebrando cada 11 de septiembre su fiesta nacional. No es la única tierra que lo hace, pero hasta ahora este y otros bulos les ha servido para alterar su historia y presentarse ante las puertas de la independencia. Antes y después del 1 de octubre, a veces entre bambalinas, las autoridades catalanas han tratado de controlar el relato independentista, pero en una democracia, la independencia no es un camino unilateral. En ese caso supone, de facto, un golpe de Estado. Luppi sabía mucho de ello. Cuando era joven trabajó con el padre de Juan Diego Botto, el también actor Diego Fernando, que fue secuestrado por la dictadura y desaparecido en 1977. Sería, según marca la Asamblea del Consejo de Europa desde 2012, un preso político.

LUPPI

El término se ha puesto de moda estos días para nombrar a los jordis. Pero no, los líderes de ANC y de Òmnium no han sido enviados a prisión por sus ideas, sino por un delito de sedición previsto en el Código Penal. Incluso su defensa ha evitado calificarlos como presos políticos. En España ya no quedan presos políticos, aunque haya políticos presos. Somos muchos los que no aprobamos las medidas coercitivas que el Gobierno de Rajoy está aplicando en Cataluña, a las que ahora se sumará el artículo 155 de la Constitución. Y somos muchos, también, los que sentimos afligidos la deriva de los independentistas catalanes.

No solo se saltan la legalidad, además se erigen en los garantes de la libertad. Se está faltando el respeto a gente que, como Marcos Ana, como mi abuelo, se dejaron los mejores años de su vida entre rejas, defendiendo la democracia durante el franquismo. Esos sí que eran presos políticos. Por eso, cuando en Cataluña meten a todos los españoles en el mismo saco, lo único que se me ocurre es echar el telón. Por aquí abajo, los desheredados de la tierra también clamamos cambios. Para eso, el pueblo debe unir sus fuerzas y bajar del escenario a todos esos políticos que nos abocan al desastre. No vuelvan a comprarle la entrada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s