TRUMP ARMÓ EL BELÉN

TRUMP FIRMADesde las azoteas se escucha el canto de los muecines que llaman a la oración desde las mezquitas. Las campanas hacen lo propio desde las iglesias cristianas y los viernes, el sonido de una sirena recuerda el inicio del shabat, el día de descanso judío. Jerusalén es una urbe de más de 4.000 años. En hebreo su nombre significa casa de la paz. Sin embargo, estos días vuelven a silbar las balas y la muerte acecha en las esquinas, como si de una nueva cruzada se tratara. Ya lo escribió el poeta Antonio Lucas: “El hombre no ha cambiado desde el hombre”. Ni siquiera después de que el hijo de Dios viniese a salvarnos. La ciudad es un símbolo sagrado para cristianos, judíos y musulmanes, por eso la decisión de Trump de reconocerla como capital de Israel puede tener consecuencias imprevisibles en toda la región.

“Trump inflama el Medio Oriente”, titulaba su edición de este jueves L´ Osservatore Romano, el periódico del Vaticano. Nunca un presidente de EEUU había llegado tan lejos. Trump dinamitó el miércoles 70 años de consenso en la comunidad internacional pese a las advertencias de los líderes musulmanes, Europa y el Papa Francisco. Lo que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, considera una decisión “justa y valiente”, para Mahmud Abbas, presidente palestino, es una violación de las resoluciones de la ONU. No resulta novedoso: es lo que vienen haciendo los israelíes desde que Naciones Unidas aprobó dividir Palestina en dos Estados en 1947. Para los mandatarios extranjeros la decisión de Trump echa más gasolina al fuego. Desde el miércoles se han sucedido los enfrentamientos en Gaza y Cisjordania. Hamás ha llamado a una tercera Intifada e Israel ha desplegado tropas ante la amenaza de una ola de violencia.

De nuevo piedras contra tanques. De nuevo David contra Goliat. Hay algo común en todos los conflictos: las consecuencias siempre las pagan los mismos. La UNRWA, una agencia de Naciones Unidas, estima que existen más de 5,3 millones palestinos refugiados. Esto es: uno de cada cinco asilados en el mundo. Una verdadera tragedia. Hace años leí una pintada en una pared a las afueras de Madrid, que rezaba: “La familia de Nazaret también fue emigrante”. Aludía a la Diáspora judía, a la historia de un pueblo arrancado de su tierra hace tres milenios y maltratado en todos aquellos lugares donde intentó levantar un hogar. La memoria es frágil y ahora nadie se acuerda que un día los israelíes estuvieron en el lugar que hoy ocupan los palestinos.

palestinaaaaa

Mucho peor les va a los que se quedaron. Son prisioneros en su propio país, ciudadanos de segunda. Gente sin derechos. Les roban sus tierras, sus casas y también les quieren robar su identidad. “La historia nos ha demostrado que no hay ocupaciones que duren para siempre. Seguiremos luchando por nuestro hogar”, aseguraba hace unos días Musa Odeh, embajador palestino en España. Con su decisión, Trump adjudica a una de las partes la legitimidad sobre la ciudad para convertirla en su capital. Lo hace un siglo después de la Declaración Balfour, el primer apoyo público de un gobierno a establecer un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, que en ese instante, durante la Primera Guerra Mundial, formaba parte del Imperio Otomano y era colonia británica.

A un político se le presupone un cierto grado de estadista. De visionario, quizás. A un presidente de EEUU, que es lo más parecido a Dios en la Tierra, también se le requiere sensibilidad. Solo él puede resolver los problemas que acontecen en el mundo, aunque al final siempre vele por los intereses de su país. Así ha sido siempre a pesar de la propaganda de Hollywood: EEUU haciendo de hermano mayor, de poli bueno, salvando a la humanidad. Que Trump no es un salvador como Bruce Willis en Armageddon salta a la vista. A mí me recuerda más a Paco Martínez Soria, el actor que en 1969 encarnó a Don Mariano en ¡Se armó el belén! Martínez Soria interpreta a un cura anticuado que ejerce en una parroquia de los suburbios de Madrid. En el barrio se extiende un clima revolucionario y anticlerical, por la que el Arzobispado le amonesta y le pide que renueve sus métodos (el Concilio Vaticano II está aún reciente).

Para evitar ser relevado de su congregación, el padre Mariano toma como ejemplo a un joven sacerdote de una parroquia moderna. Pero sus medidas desencadenan episodios rocambolescos: monta un Belén viviente que aspira sacar en televisión y organiza una fiesta psicodélica en la sacristía. Unos jóvenes terminan reventando el guateque mientras un grupo con aires de modernidad sigue tocando la música: Los Moscardones. El nombre podría utilizarse para denominar a la Administración Trump. Gente que no deja de enredar y que con sus decisiones están contribuyendo a construir un mundo injusto. Todo lo contrario a  lo que dicta el espíritu de la Navidad. Un año más, el niño Jesús volverá a nacer entre balas. Curiosamente, de fabricación americana.

 

FOTO1: El presidente de EEUU, Donald Trump, firma un memorando tras reconocer a Jerusalén como capital de Israel / Kevin Lamarque (Reuters)

FOTO2: Manifestantes palestinos huyen durante los enfrentamientos con las tropas israelíes el viernes cerca del asentamiento judío de Beit / Mohamad Torokman (Reuters)

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