EL PERIODISMO EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

Yaser Murtaja llevaba una diana sobre su pecho. El viernes un francotirador le disparó cuando tomaba imágenes con su cámara a 100 metros de una barrera fronteriza en Gaza. Murtaja fue uno de los nueve palestinos que murieron aquel día en la jornada de protestas a pesar de llevar un chaleco identificativo con la palabra Prensa. Una semana antes habían caído otros 21 palestinos bajo las balas de los soldados israelíes. El fotoperiodista no representaba una amenaza violenta, pero su trabajo podía abrir los ojos al mundo. Por esa misma razón, hace justamente 15 años, un carro de combate de EEUU disparó contra el hotel Palestine de Bagdad, en el que se alojaban los profesionales que cubrían la guerra de Irak. Entre ellos se encontraba el cámara español José Couso, asesinado.

MURTAJA

A pesar de todo, Gabriel García Márquez calificó al periodismo como “el mejor oficio del mundo”. Contar historias, conocer gente maravillosa y descubrir secretos que el poder no quiere que salgan a la luz. La prensa, libre e independiente, ha sido siempre protagonista en el devenir de la historia. Fue el periodismo el que obligó a dimitir a Richard Nixon, presidente de EEUU, en agosto de 1974 por el conocido escándalo del Watergate. Antes, 30 días después de que la bomba atómica destruyera Hiroshima en 1945, el periodista Wildfred Burchett demostró en el Daily Express que la ciudad japonesa mantenía restos de radiactividad, contradiciendo la versión oficial. En su reportaje narraba cómo, de forma misteriosa, seguía muriendo gente que no había resultado herida en el ataque. “Solo puedo describirlo como una peste atómica”, escribió Burchett.

En España, Ricardo Arques destapó en los años ochenta el caso GAL. El periodista, que entonces trabajaba en Deia, descubrió que el policía José Amedo lideraba un cuerpo encargado de la lucha sucia contra ETA. Relató episodios tan terribles como el secuestro de Segundo Marey o el asesinato de Lasa y Zabala. Son solo algunos ejemplos. Ahora, cuando el periodismo vive una crisis profunda y está más pendiente de la publicidad institucional que de molestar al poder, eldiario.es ha abierto un cisma político en Madrid gracias a unos profesionales valientes y comprometidos, que es de la única forma que yo entiendo el periodismo.

El caso del máster hará dimitir a Cristina Cifuentes. Mañana, pasado o la semana que viene. No hay ovación cerrada del PP (antes la tuvieron Granados, González y Aguirre) ni cálculo electoral de Ciudadanos que pueda evitar lo inevitable. La sociedad debe celebrar la independencia del periodismo. Si no existe un periodismo libre, alguien ocupa su hueco y cuenta la información conforme a sus intereses. Un país sano es aquel que goza de una prensa independiente capaz de revelar lo oculto y de hacer caer al intocable. Los medios de comunicación ahora prefieren profesionales sumisos, rostros bonitos capaces de ganar cuota de share dispuestos a doblegarse ante el poder político, económico y/o social. Los profesionales molestos son tan exiguos como necesarios. Puede que no se jueguen la vida a diario, no todos están en primera línea de fuego, pero sí se juegan su puesto de trabajo por honestidad y compromiso.

cifu

Dedicarse al periodismo es brindar tu vida a la sociedad, dejarse el pellejo porque aflore la verdad, sin interferencias, para que la ciudadanía tenga a su disposición todos los elementos para opinar y, lo que es más importante, decidir qué personas rigen sus designios los próximos cuatro años. Por eso me hice periodista: para democratizar la información, para que esta llegara a todos los rincones y a personas de toda condición. Desde los más ricos y poderosos a gente humilde como mis padres, que tuvieron la mala fortuna de nacer en un tiempo, un lugar y una familia que no pudo ofrecerles un futuro. La garantía de mirar el mundo por sus propios ojos y no a través de las indicaciones de los demás.

El círculo vicioso se rompió conmigo gracias a sus esfuerzos. El sacrificio de mis padres me llevó a la Universidad y, durante todo ese tiempo, disfruté de becas para culminar mi formación. Eso significa que la sociedad sufragó mis estudios y que yo estaré siempre en deuda con ella. Por eso mantengo el mismo compromiso social y sigo creyendo en el periodismo. Por eso Cifuentes no puede seguir presidiendo la Comunidad de Madrid ni un día más: mientras a ella le eximían de ir a clase y le regalaban notas, miles de estudiantes anónimos se machacaban los sesos en jornadas de estudio maratonianas y sus padres, además de destrozarse la espalda, pasaban las noches en vela pensando cómo pagar, entre otras cosas, las tasas universitarias que el partido de Cifuentes encarecía para que los hijos de los pobres nunca abriésemos los ojos. Como pretendían Couso y Murtaja. Como pretende el periodismo. La verdad, como el amor en la novela de García Márquez, tarda en llegar, pero termina descubriéndose.

 

FOTO1: Yaser Murtaja con su cámara días antes de ser asesinado por un francotirador israelí.

FOTO2: Cristina Cifuentes este domingo en Sevilla en la clausura de la convención nacional del PP. / Cristina Quicler (AFP)

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