LO HAN HECHO USTEDES

El 14 de junio de 1940 el ejército nazi entraba con sus tanques en París para ocupar la ciudad. La victoria franquista un año antes obligó a muchos españoles a exiliarse en la capital francesa. Uno de ellos fue Jorge Semprún, entonces un simple estudiante que combatiría con los partisanos de la Resistencia hasta su detención y posterior deportación al campo de concentración de Buchenwald en 1943. Y es que la Resistencia no fue ni masiva ni francesa. El historiador Robert Gildea desmontó hace años la versión oficial de lo ocurrido en Francia durante la ocupación nazi con su libro Combatientes en la sombra. Conclusión: el discurso nacional que habían construido nuestros vecinos tras la Segunda Guerra Mundial, que el país había sido liberado por la Resistencia con cierta ayuda de los aliados, no era cierto. En la liberación participaron una gran cantidad de extranjeros, entre ellos miles de republicanos españoles.

La_nueve

Nueve. Apenas pasaban nueve minutos de la cálida noche del 24 de agosto de 1944 cuando los primeros resistentes entraron en el París ocupado. Los protagonistas formaban parte de La Nueve, nombre que recibía la novena compañía de la División Leclerc. El escuadrón estaba formado por 146 españoles a los que el general De Gaulle les entregaría poco después la Medalla Militar y la Croix de Guerre en reconocimiento a su ayuda y valentía. Aquella noche, las amplias avenidas de la ciudad y el Arco del Triunfo fueron testigos de una procesión de blindados apodados con nombres españoles: Quijote, Guadalajara… El símbolo de que París recuperaba la luz. Los franceses quisieron hacer creer que durante los años negros de la ocupación hitleriana su pueblo se levantó contra el invasor. Y no fue así. La mayoría de los parisinos optaron por la pasividad. “París tenía que seguir siendo París”, sintetizó el célebre Maurice Chevalier.

Cuentan que, durante la ocupación, un oficial nazi asaltó el piso parisino de Pablo Picasso y, al ver una fotografía de su Guernica, preguntó al artista si lo había hecho él. “No, lo han hecho ustedes”, respondió el pintor malagueño. En efecto, fue la aviación alemana, aliada de Franco, la que perpetró aquella masacre contra la indefensa población un 26 de abril de 1937. Sus responsables últimos. Este domingo celebramos unas nuevas elecciones generales en España, las decimoterceras. La fiesta de la democracia. La posibilidad de alzar la voz, de decidir qué tipo de sociedad queremos construir. Un derecho que el franquismo hurtó a los españoles durante 40 años. Esta mañana, el periodista Isaías Lafuente decía que su hijo votaba por primera vez en su vida y que estaba emocionado. “Tiene 20 años. Mis padres, sus abuelos, tenían más de 60 cuando votaron por primera vez en unas elecciones generales”, rememoraba.

guernica

Las palabras de Lafuente me han despertado una sensación de honda tristeza. Veo como mucha de la gente que me rodea admite sin disimulo que optará por Vox, un partido que desea devolvernos a tiempos oscuros. A la caverna. “No quiero volver al armario”, reconocía el socialista Miquel Iceta hace unos días. Homosexuales, mujeres, inmigrantes, obreros y minorías están en su punto de mira. Vox galopa, y desde la atalaya de su caballo nos dice que su intención es recuperar la condición de privilegiado, para una exigua minoría, y la de desheredado, para la gran mayoría. Una grande y libre. Son los hijos de quienes amordazaron a la sociedad española durante cuatro décadas; de quienes mandaron a miles de compatriotas a las cunetas y al olvido; aquellos que condenaron a muerte a nuestros abuelos que defendieron la democracia. ¿No hay memoria en este país?

Auge del fascismo

Europa vive un auge del fascismo que, en España, adopta la forma de neofranquismo. Si es que el franquismo se fue alguna vez. Durante años, los falangistas habían permanecido ocultos, en silencio, convirtiendo al PP en una opción moderna, mayoritaria y hasta centrista. Pero la crisis dinamitó los grandes partidos de masa y los electores salieron corriendo hacia donde pudieron. La izquierda hacia Podemos, las mareas y hasta a Ciudadanos, aquel partido que nació para regenerar España y que hoy tiene al líder que más tiempo lleva en primera línea política (Albert Rivera, 13 años). Regenera fuerte fichando a antiguos miembros del PP y del PSOE, gente que vive del erario público desde hace más de dos décadas. Estos solo se representan a ellos mismos.

Los fascistas se han quitado la careta y admiten sin complejos que Vox llega para salvar a España. Es su único discurso. Su irrupción ha motivado un claro tránsito ideológico del PP, y hasta de Ciudadanos, que nació socialdemócrata y hoy se nos va a salir del mapa. Por la derecha, claro está. Del procés catalán lo sabemos todo, lo que no conocemos son las propuestas políticas del partido de Abascal. ¿Cómo vamos a financiar nuestro Estado social? ¿Cómo conseguirán los jóvenes empleos y salarios dignos? ¿Cómo pagaremos las futuras pensiones? ¿Cómo construiremos un país más justo y equitativo? ¿Cómo acabaremos con la lacra de la violencia machista? ¿Cómo mejoraremos nuestro sistema educativo, o nuestra Sanidad? Son las auténticas joyas de la corona y el trío de Colón las quiere privatizar. ¿Para repartir el negocio entre los amigos quizá?

las derechas, Carlos Rosillo

El auge del fascismo en España no puede entenderse aisladamente. Ahí están los Trump, Bolsonaro, Le Pen y Salvini. Sin embargo, las determinaciones históricas hacen que en nuestro país este auge sea muy distinto al resto de lugares. Los expertos aseguran que el neofascismo constituye el sistema político, jurídico y social necesario y funcional para la actual fase de transición hacia un nuevo capitalismo. El jurista y politólogo Albert Noguera aseguraba hace unos días en un artículo que “la forma de organizar la producción, la acumulación y el consumo del nuevo capitalismo requiere, cada vez menos, de las tres patas de la Constitución: derechos de libertad, derechos sociales e instancias democráticas de mediación Capital-Trabajo”.

Es cierto que existe una desafección política, que la gente está hastiada de que los políticos no den respuesta a sus problemas. Que la política agudiza los sentimientos primarios, ese NOSOTROS contra ELLOS, que la deriva catalana tiene mucha culpa del momento que padecemos y hasta que los partidos de izquierda tienen su responsabilidad: abandonaron su labor pedagógica y los hijos de los obreros nos creímos que esto de los derechos, como los reyes absolutistas, cayó del cielo, por gracia y obra divina. Pero no, detrás de todos los logros está la sangre, el sudor y el sacrificio de quienes nos precedieron. Ellos no tenían redes sociales para seguir en masa a Vox, atisbo de lo que está por llegar en las urnas. Sus partidarios esperan ondeando banderas, censurando periodistas y prometiendo devolver a los inmigrantes a sus países, a la mujer a la cocina y a los obreros al infierno.

Jason Stanley explica en Facha cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en nuestras vidas.  El prólogo de Isaac Rosa es revelador: “Vienen tiempos que nos exigirán ser antifascistas. En todos los ámbitos, todos los días… Si el fascismo se beneficia del miedo, quitémonos el miedo, construyamos seguridad colectiva frente a la intemperie en la que nos quieren dejar”. Comencemos hoy. Es domingo electoral y hay que votar. Esa papeleta es nuestra gran arma. Mañana no valdrá lamentarse, rodear el Parlamento como hicistéis el día después de las elecciones andaluzas. Ni siquiera valdrá con resistir cuatro años. Ni esperar a salir indemnes, porque eso no sucederá. El peligro es real, está aquí, nos amenaza. Es la batalla final (premonitorio el capítulo de esta madrugada en Juego de Tronos). Sea cual sea el resultado esta noche, lo habremos hecho nosotros, que diría Picasso.

 

FOTO1: Entrada de un vehículo de La Nueve durante la liberación de París, en agosto de 1944.

FOTO2: ‘Guernica’, obra en la que el pintor Pablo Picasso alude al bombardeo de la localidad vizcaína. El lienzo se expone en el Museo Reina Sofía de Madrid.

FOTO3: Representantes políticos de diferentes partidos durante la manifestación de febrero contra Pedro Sánchez en la Plaza de Colón. / Carlos Rosillo

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