EL FRANQUISMO A COLOR

franquismo a color

“Detrás de mí, todo quedará bien atado y garantizado”. Franco pronunció estas palabras por primera vez el 28 de mayo de 1962. Celebraba un acto con alféreces provisionales en el Cerro Garabitas, en la Casa de Campo. El dictador trataba así de reafirmarse ante la disidencia. Estaba enfurecido con ella por haber maniobrado contra la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, germen de la UE. El ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Castiella, había solicitado la adhesión arrastrado por la bonanza económica, pero los países miembros no aprobaron su ingreso. Entre el 5 y el 8 de junio de aquel año, la oposición al régimen se reunió al completo por primera vez en el IV Congreso del Movimiento Europeo. En un intento de ridiculizarlo, el diario falangista Arriba lo denominó peyorativamente como el Contubernio de Múnich. A su vuelta a España, los disidentes fueron encarcelados y deportados.

No eran días fáciles para el franquismo, acorralado por una huelga de mineros en Asturias, reprimida con dureza, y las protestas en los centros industriales. La universidad también comenzaba a despertar, pero aún faltaban algunos años para que asestara el golpe definitivo. No en vano, muchos de los que frecuentaban aquellas aulas eran hijos de destacadas personalidades del régimen. Franco seguía convencido de la permanencia de su obra. Quería dejarla atada. Bien atada. Las especulaciones sobre su sucesión marcaron la segunda mitad de los sesenta. El diario SP, de ideología falangista, defendió que, tras la muerte del caudillo, España debía convertirse en una república sindicalista inspirada en el modelo joseantoniano. Luis María Ansón propuso en ABC una monarquía parlamentaria a imagen y semejanza de los países nórdicos encarnada por el Conde de Barcelona.

Ningún sector vio cumplidas sus aspiraciones. Franco tenía un plan alternativo que venía amasando desde hace años. En julio de 1969 designó como sucesor a Juan Carlos de Borbón a título de Rey. El 30 de diciembre de aquel año, el dictador se vanaglorió de la nominación en su tradicional mensaje de fin de año desde El Pardo, supervisado por Adolfo Suárez, director general de Radio y Televisión y a la postre, presidente del Gobierno con el nuevo monarca. “Respecto a la sucesión a la Jefatura del Estado, sobre las maliciosas especulaciones que hicieron quienes dudaron de la continuidad de nuestro Movimiento, todo ha quedado atado y bien atado con mi propuesta y su aprobación por las Cortes”, aseguró el caudillo. Juan Carlos de Borbón prometió los principios del régimen y todo quedó, efectivamente, atado y bien atado.

El dictador murió en su cama. Cuatro décadas después, las estructuras de poder del régimen se reproducen, los hijos y nietos de la oligarquía franquista siguen copando los ámbitos políticos, económicos y sociales y los falangistas de nuevo cuño pasean su victoria por las calles con total impunidad. En 2015, el periodista Lluc Salellas publicó El franquismo que no marcha, donde investigó la vida de los últimos 50 ministros de Franco. Quedó sorprendido al descubrir que ninguno de ellos fue degradado por la democracia. Una parte se cobijó en los consejos de administración de las grandes empresas y, la otra, recaló en la política, como si nunca hubiese ocurrido nada. Hubo pacto de silencio y de olvido. La justicia también les abrió la puerta: 10 de los 16 jueces del Tribunal de Orden Público franquista pasaron a formar parte del Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional.

Ha sido precisamente el Tribunal Supremo quien ha suspendido este martes la exhumación de los restos de Franco, sepultado hace 43 años en el Valle de los Caídos, un monumento que homenajea su victoria en la Guerra Civil. Faltaban solo seis días para llevarse a cabo la operación que había diseñado el Gobierno de Pedro Sánchez. En marzo, un Real Decretó fijó para el 10 de junio la exhumación y el posterior traslado de los restos al cementerio de Monterrubio, en El Pardo, donde descansa su esposa, Carmen Polo. La familia del dictador solicitó suspender el traslado. Los cinco magistrados de la sección cuarta del tribunal han accedido por unanimidad hasta que no exista sentencia firme, ya que “podría ser extraordinariamente perjudicial no solo para los recurrentes, sino también para el interés público por las singulares y únicas circunstancias que concurren”. Y tan singulares: en ningún otro país occidental existe un panteón para honrar la memoria de un dictador.

protestas

Los magistrados han argumentado que “el hecho de que fuera jefe de Estado desde el 1 de octubre de 1936 (tres meses después del inicio de la Guerra Civil) hasta su fallecimiento, el 20 de noviembre de 1975, atribuye a la controversia unos rasgos especiales que no se pueden ignorar”. Vistos sus conocimientos de historia, podríamos afirmar que no aprobarían siquiera el examen de Selectividad, la prueba de acceso a la universidad. Decir que Franco era Jefe de Estado en 1936 es ofender la memoria de Manuel Azaña, faltar a la verdad y catapultar a la categoría de héroe a alguien que se sublevó contra la Segunda República, un régimen democrático. Antes de que se decidiera el futuro de la exhumación, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica presentó una queja ante el Consejo General del Poder Judicial. En ella advertía de que quienes debían tomar la decisión podrían tener su imparcialidad “comprometida”. Se referían al magistrado José Luis Requero, padrino de la hija de Milans del Bosch, letrado de los Franco.

Hace unas semanas la cadena de televisión DMax estrenaba una ambiciosa serie sobre aquellos años oscuros, El franquismo a color. La producción rescata imágenes inéditas y repasa nuestra historia con todo lujo de detalles. Los documentos originales se filmaron en blanco y negro por los reporteros del NO DO y han sido coloreados por especialistas para dar una visión lo más fiel a la realidad. El que no se entere de la película es que mira para otro lado. Como la realidad siempre supera a la ficción, este martes el Tribunal Supremo nos ha recordado el país en el que vivimos, el legado que nos dejaron: una Constitución impuesta, cientos de miles de víctimas desaparecidas en cunetas y un retiro dorado para quienes colaboraron con el régimen de terror. Solo la justicia argentina se atrevió a procesarles. España no solo se opuso a la extradición, también a tomarles declaración en los juzgados españoles. El franquismo no solo tiene color, sino que lo podemos tocar. Todo atado y bien atado.

 

FOTO1: El dictador Francisco Franco en una imagen de la serie de DMax ‘El franquismo a color’

FOTO2: Familiares de víctimas del franquismo protestan este martes ante el Tribunal Supremo. / Kike Para

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