PISTOLAS DE AGUA

Hace años escuché a un vecino quejándose del resto de la urbanización. Relataba lo malo que eran este y aquel, pero evitó hacer autocrítica de su comportamiento. Mi padre le espetó con gracia: “A ver si el malo vas a ser tú”. Volví a recordar la frase ayer, mientras la policía escoltaba a los representantes de Ciudadanos que participaban en el desfile del Orgullo en Madrid. Estaban en la marcha que reivindica los derechos del colectivo LGTBI, pero no llegaron a firmar el manifiesto. Raro es.

javi Mtnez

Los miembros de Ciudadanos permanecieron más de dos horas bloqueados en el paseo del Prado, aguantando una lluvia de insultos injustificables y disparos con pistolas de agua. La respuesta no se hizo esperar. Tildaron de fachas a los “intransigentes”. Da vértigo comprobar la facilidad con la que utilizamos el epíteto de facha. En el debate político, la topografía ha reemplazado definitivamente a la sustancia. La izquierda y la derecha utilizan el término por igual para descalificar al adversario, pero raramente se formula una crítica basada en argumentos. Vayamos a ellos.

La última edición del Orgullo arrancó en Madrid el 28 de junio y ha sido una de las más políticas que se recuerdan. El pacto de PP y Ciudadanos con el partido ultraderechista Vox para formar gobierno en la capital no gustó a las asociaciones organizadoras, por lo que denegaron la participación a PP y Ciudadanos. Es poco corriente que alguien vaya allí donde no le esperan, pero ese modus operandi ha supuesto la tónica general en la corta historia de la formación naranja: sucedió antes en el Parlament o en Alsasua. No estoy legitimando las formas de quienes le profirieron insultos. Claro que Ciudadanos defiende al colectivo LGTBI y claro que puede ir allá donde le plazca, pero cuesta entender que no sean capaces de advertir la provocación que suponía su presencia. La formación parece empeñada en darle la razón a quienes afirman que vive de la confrontación.

Este año se celebraba el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, en Nueva York, efeméride que conmemoraban las celebraciones del Orgullo en todo el mundo. En Madrid, además, los personajes históricos del colectivo encabezaron la marcha bajo el eslogan “Ni un paso atrás”, en clara alusión a los comentarios lgtbifóbicos que Vox ha pronunciado en repetidas ocasiones. El partido de ultraderecha criticó esta semana que el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida (PP), permitiera que la bandera arcoíris ondeara en el Palacio de Cibeles durante la celebración, ya que consideran que pertenece a un “lobby que odia a todo el que no piensa como ellos”. De esta forma se criminaliza a un colectivo perseguido durante el franquismo y que no se pudo casar hasta 2007. Aunque entonces para Rivera llamar matrimonio a una unión homosexual generaba “tensiones innecesarias y evitables”.

colón

Durante la campaña electoral, el candidato de Vox en Madrid, Javier Ortega Smith, ya mencionó la posibilidad de trasladar las celebraciones del Orgullo a la Casa de Campo, mientras que la líder regional del partido, Rocío Monasterios, tachó el desfile de “caricatura denigrante”. Y añadió: “Cuando una madre y un padre salen a la calle no tienen por qué encontrarse con ese espectáculo”. Salir del armario no tiene nada de malo, pero abandonar la caverna sí que retrata a quienes lanzan pensamientos retrógrados. Esa gente es la que ha aupado al poder a Ciudadanos en Andalucía, en Madrid y está a punto de hacerlo en otros lugares. Incluso se fotografiaron juntos en la Plaza de Colón. Eso es lo que le reprocha parte del colectivo LGTBI. Y por eso, al advertir su presencia ayer,  les gritaron “fuera, fuera” y “esto os pasa por liaros con los fachas”.

No es la primera vez que Ciudadanos se relaciona con fuerzas de esa naturaleza. En 2009 se presentó a las elecciones europeas en coalición con el partido ultraderechista Libertas. En 2012, junto al PP, creó una plataforma llamada De España y Catalanes para manifestarse con motivo del Día de la Hispanidad. También la integraban partidos de ultraderecha como Plataforma per Cataluña, Falange y los neonazis de Casal Tramuntana. Ciudadanos montó en cólera cuando el diputado de las CUP David Fernández se lo recordó en el Parlament en octubre de 2013. Los partidos habían agotado su turno de palabra, pero el diputado Jordi Cañas insistió en tomarla. No se le permitió hablar porque no hizo mención a las alusiones, así que montaron un espectáculo y abandonaron la Cámara, curiosamente, cuando se iba a votar una moción para condenar el franquismo.

Las relaciones de Ciudadanos con la causa ultra no acaban ahí. En julio de 2013 todos sus militantes en Viladecans pasaron a la Plataforma per Cataluña, formación ultra; en marzo de 2014 una delegación de la formación naranja se reunió en Alcalá de Henares con España 2000 para “buscar vínculos con el partido xenófobo” y en 2015 la dirección de Ciudadanos tuvo que montar una gestora en Getafe al advertir un importante número de seguidores de Falange en la agrupación. Hasta no hace mucho tiempo nos decían que eran una formación progresista, pero en febrero de 2017 nos demostraron que aquello solo era una máscara. Fue entonces cuando dieron el viraje definitivo, eliminando la socialdemocracia de su ideario y abrazando el liberalismo. Las élites ya tenían a su “Podemos de derechas”, como requirió ante el avance de los de Pablo Iglesias el director del Banco Sabadell, Josep Oliva Creus.

españa 2000

Ciudadanos no supone amenaza alguna para los privilegios y la hegemonía de los poderosos. Su gurú económico, Luis Garicano, proviene de la Agencia Fedea, a la que pertenecen destacados miembros de multinacionales, a las que favorece el tratado secreto TTIP entre Europa y Estados Unidos que la formación naranja defendió. Ciudadanos ha sido el brazo político de la patronal, con su contrato único y su renta complementaria. Aunque Rivera quería convertir a España en la nueva Dinamarca, omitió que el país escandinavo es el que mayor presión fiscal ejerce sobre las grandes fortunas. Por el contrario, Ciudadanos ha ayudado a eliminar el impuesto de patrimonio, que afecta especialmente a los ricos, y el de sucesiones, que grava las herencias. Sin embargo, sí apoyó aumentar el IVA, un impuesto que pagamos todos y que grava a quienes tienen menos recursos.

Rivera apoyó el copago sanitario, defiende los vientres de alquiler para favorecer, dice, al colectivo LGTBI, cuando en realidad se trata de comercializar con seres humanos, y ha olvidado la regeneración. Él lleva 13 años aferrado al cargo público. Valga como ejemplo el caso de Jordi Cañas. Cuando fue imputado en 2014 por haber defraudado 429.000 euros a Hacienda como gestor de una sociedad fue recolocado por su compañero Girauta como asesor en el Parlamento Europeo. Aquel movimiento no incomodó al ciudadano Rivera, al que le han comenzado a crecer los enanos estas últimas semanas: los medios extranjeros hablan de su ocaso y, aunque pidió la dimisión de Sánchez, de Rosa María Mateo y de Marlaska, solo ha obtenido las de sus compañeros Manuel Valls, Tony Roldán, Javier Nart y Xavier Pericay. Parece que Malú también se ha subido al carro por “su falta de naturalidad” en la relación.

roldan

Mientras este domingo los medios de comunicación analizaban desde todas las perspectivas la polémica de Ciudadanos en el Orgullo ocurrían cosas menos espectaculares, pero más relevantes, como el toque de queda que han dado las instituciones europeas a Pedro Sánchez. Europa observa con creciente inquietud el enquistamiento de la situación política que arrojaron las elecciones del 28 de abril. Se muestran impacientes porque haya estabilidad para “implementar reformas”. Para ello es necesario un gobierno europeísta, esto es, sumiso al Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que limita el gasto público (inversiones incluidas), lo que penaliza el empleo y no permite acabar con la temporalidad y la precariedad. Ciudadanos, sin embargo, no ha dicho nada sobre el asunto. Sigue enrocado en no facilitar la investidura de Sánchez. Hace tres años el PSOE se hizo el harakiri para despejar el camino de Rajoy. Entonces decían que tener Gobierno favorecería la estabilidad y ayudaría a acometer medidas para mejorar la vida de la gente. Por eso mismo Ciudadanos debería permitir ahora que gobierne Sánchez. No hacerlo es mucho más grave que mojarnos con una pistola de agua.

 

FOTO1: Inés Arrimadas junto a otros miembros de Ciudadanos en la manifestación del Orgullo en Madrid. / Javi Martínez

FOTO2: Santiago Abascal y Albert Rivera, en los extremos durante de la imagen durante la concentración en la Plaza de Colón, donde pidieron la convocatoria de elecciones. / EFE

FOTO3: Reunión entre miembros del partido ultraderechista España 2000 y Ciudadanos de Alcalá de Henares en 2014.

FOTO4: Tony Roldán, tras la rueda de prensa en el que anunció su dimisión de Ciudadanos. / EFE

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