UN HOMBRE BUENO

La vida es un viaje. Durante el recorrido introducimos experiencias en nuestra maleta y las vamos recuperando según las circunstancias. Como esa camisa o aquel pantalón que hemos doblado con mimo esperando la ocasión perfecta. Lo llamamos recuerdos. Hay trayectos tan manidos que ya forman parte de nuestro paisaje vital. El de ayer fue uno de ellos. Atravesé los dorados campos andaluces, vastas extensiones de olivos erguidos al sol abrasador y riachuelos que apenas son el espejismo de lo que fueron antaño. La imagen me trasladó hasta Jorge Manrique y aquellas coplas que compuso por la muerte de su padre. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero estamos aquí y ahora. En un vetusto tren que une Ronda y Antequera. Hace apenas dos meses que caminé por este desolado páramo junto a mi amigo Frutos Barbero en busca de otro convoy que nos llevara a Madrid. Uno nunca imagina que será la última vez.

dav

Estaba a punto de bajar del vagón para hacer el trasbordo cuando sonó mi teléfono móvil. Un mensaje me comunicaba el fatal desenlace. Había muerto Frutos, al que tanto quería. Mis ojos se convirtieron en dos enormes torrentes capaces de acabar con la sequía estival de la península. Me paralizó el dolor, pero necesitaba llegar hasta el autobús para continuar el viaje. Al tirar del trolley fui armando el puzle. Iban apareciendo recuerdos lejanos, momentos que parecían olvidados pero que nunca se fueron. Siempre estuvieron ahí, como esa montaña con forma de cabellera india que me vigilaba desde el horizonte. Hace unos días, Guillermo Altares escribió en El País que el misterio de la amistad no es muy diferente al del amor: “Nunca sabremos por qué, pero lo reconocemos fácilmente cuando pasa”. Es justo lo que me ocurrió con Frutos.

Todos conocían al personaje, pero pocos a la persona. Frutos nació en Béjar (Salamanca) durante la posguerra. Había sentido predilección por la lectura desde pequeño y aquello, me decía, le salvó. Eso explicaba que ahora sus palabras fuesen ley. Siempre le tuve admiración. Era una de las personas más cultas que he conocido y de las que más he aprendido. También de sus silencios. Mientras a otros se nos escapaban los detalles, él siempre daba con la tecla. Me contaba que llegó a Ronda gracias a Juan de la Rosa, que lo puso al frente de la obra social de la caja de ahorros. Trajo cultura y la universidad de verano. Gracias a su empeño, el centro médico concertado que poseía el banco se convirtió en un hospital público. En el trayecto ideó unos cursos que ayudaron a que el complejo que acababa de recepcionar la Junta se dotara con profesionales de la zona. Estaba orgulloso de aquello, pero no siempre recibió el aprecio que merecía.

Mi primer contacto con él fue a través de su hija mayor, amiga desde la infancia. Recuerdo, ya adolescentes, el día que nos dijo que se trasladaban a Madrid, donde su padre desempeñó diferentes cargos en la Universidad Complutense y en la Comunidad como hombre fuerte de Gustavo Villapalos, rector primero y consejero de Educación después. Era una tarde veraniega y estábamos asomados al Tajo de Ronda mientras se ponía el sol. Unos años más tarde, ya de vuelta en Arriate, su padre me asesoró para ir a estudiar a su universidad. Frutos me ofreció todo cuanto poseía, incluidas las llaves de un pequeño apartamento en pleno centro de la capital para que me alojara. Ese día descubrí a un hombre bueno al que todos llamaban tito.

frutos barbero en 2009

Los días cayeron como árboles cansados. Nuestros caminos se unieron definitivamente cuando acabé los estudios universitarios. Coincidí con Frutos en el compromiso de mejorar nuestro pueblo. Él acababa de jubilarse y su mente brillante necesitaba retos constantes, así que aceptó ser el candidato del PSOE a la alcaldía de Arriate en 2007. Propuso ideas innovadoras y de futuro, pero no logró la confianza de los electores. A algunos les parecía un burgués, pero todo lo que viví a su lado durante aquellos cuatro años estuvo impregnado de ternura, altruismo y conciencia obrera. Qué necesario es conocer a las personas y cuántas sorpresas nos podemos llevar al hacerlo. Frutos era tímido, pero sabía encandilar en las distancias cortas. Creía firmemente en el diálogo, tan necesario en estos días, y a pesar de que comenzaba a perder audición, algo con lo que él mismo bromeaba, siempre supo escuchar a los demás. Reconozco que me ha dejado una enorme huella y que será imposible olvidarle. Me hubiese gustado decírselo, pero supongo que entre amigos no hace falta que se digan las cosas para que se entiendan.

Ahora se nos ha ido. Hay momentos en los que el lenguaje no posee palabras para expresar el dolor inmenso que se apodera de nosotros. Iba pensando en ello ayer, mientras arrastraba mi pesada maleta, repleta de recuerdos a su lado. Los viajes en su golf gris o aquella entrevista en su patio con naranjos, donde leía a Machado. Sus palabras de aliento en los momentos duros y su confianza ciega. No merecía tanto de alguien al que pude dar tan poco. La última vez que lo vi me pareció que había envejecido de repente, pero aún mantenía una vitalidad y una clarividencia envidiables. Hablamos durante todo el viaje, tomamos un café y nos emplazamos para vernos en la capital, pero no pudo ser. No podrá ser jamás, pero prometo luchar para convertir este mundo en un lugar mejor. El mundo que soñaba Frutos. Hay amigos que nos transforman la existencia: la cambian cuando llegan y lo siguen haciendo cuando ya no están.

FOTO1: Estación de Antequera-Santa Ana, este viernes a mediodía. / F. S. 

FOTO2: Frutos Barbero, en el patio de su casa, durante una entrevista para el boletín del PSOE de Arriate en 2009. / F. S.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s