INVESTIDURA. PRIMER ACTO

Puedo escribir el artículo más triste esta noche. Escribir, por ejemplo, Rivera se ha estrellado y tiritan los azules, con 66 escaños, a lo lejos. Pedro Sánchez gira su posición sobre Iglesias y canta. Puedo escribir el artículo más triste esta noche. Podemos quiere un Gobierno de coalición, y a veces el PSOE, también lo quiso. El Congreso no estaba este lunes para poesía, aunque la cara de muchos diputados era un poema. Especialmente los de Podemos y PSOE, cuyos líderes sembraron de minas el hemiciclo. En lugar de negociar un Gobierno de coalición pareció que se acercaba la Tercera Guerra Mundial. O lo que es peor, unas nuevas elecciones. Ya saben aquello de “cuerpo a tierra, que vienen los nuestros” que popularizó Gila, pero que acuñó Pío Cabanillas en los tiempos de las guerras fratricidas en UCD.

alvaro garcía

No corren buenos tiempos para la lírica. Las negociaciones están bloqueadas por las competencias que tendría Podemos en un hipotético Gobierno de coalición. Sánchez no será investido este martes, pero puede que tampoco lo consiga el jueves, cuando solo necesita mayoría simple. Demasiados puntos de fricción, demasiadas cosas que echarse en cara. El mal endémico de la izquierda. Podemos reprocha al PSOE no haber querido negociar con ellos en estos tres meses y los socialistas culpan a sus potenciales socios de hacer “simulacro” durante ese mismo periodo. Vuelta a la casilla de salida, pero esta vez apenas quedan fichas. El tiempo se agota. Ambos disparan con bala. Y no parecen precisamente de fogueo, a no ser que se trate de una táctica para, en caso de Gobierno conjunto, no se enfaden los poderes económicos.

El acuerdo, decíamos, está lejos. Concretamente, en stand by desde el domingo por la noche, cuando los negociadores Carmen Calvo y Pablo Echenique entraron al detalle y las cosas se complicaron. Las 20 historias de amor permanecen en un cajón y, de momento, solo se atisba una canción desesperada. Iglesias mantiene que el PSOE solo les ofrece “competencias decorativas”, aunque los socialistas están resignados a que Podemos entre en el Ejecutivo y que, incluso, tenga una vicepresidencia social, posiblemente con Irene Montero al frente. “Les hemos pedido competencias en Hacienda, en Vivienda, en Trabajo, en Igualdad, en Transición Ecológica. Nos han dicho que no. ¿Qué nos ofrece? Dígalo a la Cámara”, espetó Iglesias al presidente en funciones.

iglesias renuncia

La retirada de Iglesias del tablero parecía desatascar las negociaciones. Nada más lejos de la realidad. Sánchez nombró varias veces la repetición electoral y el líder de Podemos le contestó que parecía que era lo que quería. Puestos a elegir, el candidato socialista preferiría que PP y Ciudadanos se abstuvieran para ser investido presidente por la vía de urgencia. Y así volvió a solicitarlo a Casado y Rivera “por el bien de España”. Ambos aclararon su postura: votarán no. No les pareció lícito pedir la abstención de los adversarios cuando él se enrocó en el “no es no”. Las derechas conocían hacia donde apuntar, aunque a ese lado de la bancada todos dan por seguro que el pacto entre PSOE y Podemos está hecho y que los excesos verbales responden a una estrategia porque, ya se sabe, la vida no es poesía, sino teatro. Puro teatro.

Sánchez desgranó durante más de dos horas sus planes de futuro para España. Comenzó con una reforma constitucional para garantizar la estabilidad del sistema, o sea, que gobierne la fuerza más votada sin que pueda existir bloqueo. Pero la política, como la poesía, está hecha para tender puentes. Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Continuó comprometiéndose a reformar el Estatuto de los Trabajadores, que data de los años ochenta. Entonces siquiera había nacido Elvira Sastre, la poeta que más vende entre los millenials, a los que Sánchez prometió un Estatuto del Becario para impedir que encadenen prácticas y puedan convertirse en versos libres, esto es independizarse, antes de los 30.

El pretendiente socialista tendió la mano con pactos de Estado en Sanidad y Educación, aumentando la inversión en esta última hasta el 5% del PIB, 9.000 millones de euros más al año, independientemente de la coyuntura económica y de quien gobierne. Ningún grupo recogió el guante. Parte de su intervención se centró en la universalización de los derechos laborales para autónomos, reduciendo trabas burocráticas y reformando el régimen especial para que se cotice según los ingresos reales, pero no asomó por ningún lado la prometida derogación de la reforma laboral. Y dos clásicos, la reformulación de la Seguridad Social para que el sistema de pensiones sea sostenible y la inversión de un 2% del PIB en innovación y desarrollo.

Villanueva

La oposición afeó que Sánchez se olvidara de Cataluña para acusarle después con exageraciones y medias verdades sobre favorecer a los separatistas. Al único que no respondió el presidente en funciones fue al líder de Vox. En su lugar, avisó a PP y Ciudadanos: “Pongan el cordón sanitario al partido con el que han pactado, que representa una amenaza para la democracia, no al PSOE”.

Casado encendió las luces de larga distancia. Habló sin papeles, como un líder sólido. No gesticuló, no usó extravagancias dialécticas y volvió al centro, preparando quizás el terreno de cara a unas elecciones en noviembre. Rivera, no obstante, tan solo fue una caricatura de sí mismo. Protagonizó un áspero choque parlamentario con el candidato socialista, con quien firmó un pacto de Gobierno en 2016, y anunció que votaría no a la investidura con las dos manos: no a Sánchez y no “a la banda que lo va a ejecutar”. Queda claro que el camino de la investidura no pasa por la derecha, así que más le vale a PSOE y Podemos ponerse las pilas. Lo sintetizó como nadie Gabriel Rufián: “Lo mejor que nos puede pasar es irnos a dormir y reflexionar porque la amenaza es que Abascal sea ministro”. Se abrió el telón, pero la obra no ha hecho más que empezar.

 

FOTO1: Pedro Sánchez durante su discurso de investidura en el Congreso de los Diputados. / Álvaro García

FOTO2: El secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, durante su renuncia a formar parte del Gobierno. / @Pablo_Iglesias_

FOTO3: Pablo Casado y el secretario general del PP, Teodoro García Egea, charlan durante el pleno de investidura. / Jaime Villanueva

 

 

 

 

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